
Descendiente directa de los mayas, la mentada mentora había sido capaz de escalar hasta donde nunca imaginó.
Su infancia siempre fue un misterio. Sus malquerientes dicen que su familia vivía en absoluta pobreza y que no tenían ni para comer. Pero ella aseguraba que su abuelo era un viejo ricachón que había hecho fortuna vendiendo ilegalmente sotol en su tierra natal y que le había heredado en vida, aunque jamás se encontraron pruebas de este hecho.
Desde muy pequeña se tuvo que poner a trabajar y dicen que siendo chamaca alguna vez agarró el gis para enseñarle a sus paisanos el silabario.
Ya de muchacha se fue a la capital y ahí se empezó a meter en las cuestiones de la organización de los mentores, donde poco a poco fue escalando posiciones gracias a que le cayó bien al cacique del gremio, quien se convirtió en su protector y padrino, quien poco a poco le fue allanando el camino.
Llegaron los tiempos del chupacabras y es ahí donde cambió radicalmente la suerte de la mayestra. El pelón llegó como supremo virrey muy desprestigiado y después de una elección muy cuestionada y para demostrarle a todo mundo de lo que era capaz, le sembró unos muertitos al líder de los chapopoteros porque osó apoyar al hijo del tata y lo mandó encerrar por muchos años.
Y ya encarrerado, el pelón también se deshizo del cacique de los mentores y padrino de la mayestra. Traicionando a su padrino, la mayestra fue impuesta como lideresa al frente de los trabajadores del gis y después de más de 20 años seguía teniendo un férreo control de los trabajadores del silabario.
A lo largo de su carrera, la mayestra acumuló posiciones, bienes y malquerencias. Durante mucho tiempo perteneció al partido trucolor, hasta que fue vergonzosamente corrida por el candidato del trancazo pues la mayestra andaba haciendo negociaciones por abajo del agua con los azules, acérrimos enemigos del trucolor.
Pero la mayestra salió más lista: tan pronto como la corrieron, juntó a los mentores y con ellos formó su propio partido.
Cuando los azules llegaron a gobernar, la mayestra tuvo acercamientos con el supremo virrey de las botas de charol y con su esposa, con quienes llevaba una estrecha relación que le sirvió para afianzarse como mandamás de los profitos, al tiempo que lograba colocar a muchos de sus colaboradores de confianza en puestos clave del supremo gobierno.
Y se llegó el cambio de mandato en la elección más cuestionada de la historia. El pejcado era el puntero indiscutible y ella le ofreció su partido para ir juntos a la elección y obtener una inobjetable victoria. Pero el pejcado se sentía tan seguro que la despreció. Entonces ella se fue con los azules y convenció al candidato de que con su partido y la ayuda de los mentores, podrían remontar las preferencias.
Los azules estaban desesperados y de inmediato aceptaron. Se llegó la hora de la elección y después de una muy polémica decisión, el Instituto de los Votos determinó que los ganadores eran los azules. La mayestra se supo vender muy bien y cobró todavía mejor, pues colocó a su gente en muchos puestos del supremo gobierno.
Con el tiempo se distanció del supremo virrey y para la siguiente elección había ya amarrado una alianza de su partido para ir junto con los del trucolor. Pero cambiaron de dirigente y el nuevo líder consideró que el precio de los amores electorales de la mayestra era muy alto. Y se rajó.
Se acabó el amor con los del tricolor y los amarillos seguían peleados con ella. Con ninguno de ellos había posibilidad de negociar. Con los azules unos la querían y otros la odiaban, pero no se decidían a invitarla a hacer alianza.
La mayestra salió mas aguzada, cuando a todos les dijo: “Vamos a ir solos a la elección y después de los comicios, trabajaremos con el que gane” .
Todo esto…
Hace doscientos años.
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